sábado, 20 de marzo de 2010

Desvanecer



Sin ningún sentido
Sin ningún compás
Pasan los minutos,
Las horas....
Y yo aquí
Postrada en un catre
Frío y oscuro
Abrazada al aire
Sintiendo el peso del ayer.

No distingo entre las sombras
Lo real o imaginario
No distingo por las gotas
Que afirman que estoy llorando
No importo ni navego
Por la sangre de un humano
Sólo piedras desteñidas
Que me alejan de su lado.

Todo lo que sucedió,
Ahora ya está olvidado
Todo lo que me embriagó
Todo, se ha esfumado
No bastan con un simple perdón
Para poder arreglarlo
No basta con un corazón
Solo y abandonado

Duerme tranquila y sola
En un lecho de acordes baratos
Pues una voz te avisó
De esos caminos amargos

martes, 16 de marzo de 2010

Flower On The Precipice



Pensamos que una flor en un acantilado es hermosa,

Porque nuestros pies se detienen al llegar al borde.

Porque, a diferencia de la flor,

Somos incapaces de saltar al vacío sin miedo.

lunes, 15 de marzo de 2010

Guiovanni Papini


Hay en una de las paredes de mi cuarto un hermoso reloj antiguo que ya no funciona. Sus manecillas detenidas casi desde siempre, señalan imperturbables las misma hora: las siete en punto.
Casi todo el tiempo, el reloj es solo un inútil adorno de una blanquecina pared.
Sin embargo hay dos momentos en el día, dos fugaces instantes en el viejo reloj parece resurgir de sus cenizas como un ave fénix. Cuando todos los relojes de la ciudad, en sus enloquecidos andares marcan las 7 y los cu-cu y los gong de las demás máquinas hacen sonar por 7 veces su repetido canto, el viejo reloj de mi habitación parece cobrar vida.
Dos veces al día, a la mañana y a la noche, el reloj se siente en absoluta armonía con el resto del universo. Si alguien mirara el reloj solamente en esos dos momentos, diría que funciona a la perfección…
Pero pasado ese instante, cuando los otros relojes han acallado su canto y las manecillas siguen sus monótonos caminos, mi viejo reloj pierde su paso y permanece fiel a aquella hora que alguna vez detuvo su andar.
Y yo amo ese reloj y cuanto más hablo de él, más lo amo, porque cada vez me siento más parecido a él. También yo estoy parado en un tiempo, también yo me siento clavado e inmóvil, también yo soy de alguna manera un adorno inútil en una pared vacía.
Pero tengo también fugaces momentos en que, misteriosamente, llega mi hora. Durante esos tiempos, yo me siento vivo. Todo está claro y el mundo se transforma en maravilloso. Yo puedo crear, soñar, volar, decir y sentir más cosas en esos instantes que en todos los otros momentos. Estas conjunciones armónicas se dan y se repiten una y otra vez, como una secuencia inexorable.
La primera vez que lo sentí, trate de aferrarme a ese instante creyendo que podría hacerlo durar para siempre. Pero no fue así. Como a mi amigo el reloj, también a mi se me escapa el tiempo de los otros.
… Pasados estos momentos, los otros relojes que anidan en otros hombres, continúan su giro y yo vuelvo a mi rutinaria muerte estática, a mi trabajo, a mis charlas de café, a mi aburrido andar que acostumbro a llamar vida.
Pero yo sé que la vida es otra cosa.
Yo sé que la vida, la vida de verdad es la suma de aquellos momentos que aunque fugaces, nos permiten percibir la sintonía con el universo. Casi todo el mundo, pobre, cree que vive. Solo hay momentos de plenitud y aquellos que no lo sepan e insistan en querer vivir siempre, quedaran condenados al mundo del gris y repetitivo andar de la cotidianidad.
Por esto te amo, viejo reloj, porque somos la misma cosa, tú y yo

domingo, 14 de marzo de 2010

Sin aliento.


Tirada en el frío suelo,
yace su cuerpo agotado
por el dolor que ha sentido
por los gritos que ha callado.
gotas de sangre fluyen ya
aunque su corazón ya no late
se secaron las palabras
las historias terminaron
solo le quedó el sabor
amargo del silencio
ya no llora, no sonríe
ya no sufre ni respira,
aun no se ha ido, aquí sigue
aunque su cuerpo , no tiene vida

sábado, 6 de marzo de 2010


"Para cuando la razón es capaz de entender lo sucedido, las heridas en el corazón ya son demasiado profundas"


La Sombra del Viento.

viernes, 5 de marzo de 2010

Sentimientos ahogados

Qué es lo que tiene tu compañía, tu mirada, tus palabras. Siente mi latir que te susurra en el gran ruido de la noche. Cierro los ojos y te veo despeinándome y rozando tus labios en mis hombros, acariciando mi cuello con tu aliento. Reacciono y me miento más de lo que debo. Quizá ahora entiendo que no consigo entender nada. Pierdo la noción del tiempo cuando tus brazos me aguardan. Somos dos y no hay calma, somos uno y todo estalla.